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El morir de las lunas.

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El morir de las lunas.

Mensaje por Oriely el Dom Jul 18, 2010 3:02 pm

PROLOGO



Mi madre solía decir:
“El amor hacia los demás suele caer sobre las mas bellas rosas rojas, entre los más fríos deseos, pero si se derriten en oscuros lagos de oscuridad sin fin, no habrá luz.”



.1.





Hacia frío, como siempre en Los Ángeles a plena llegada del invierno.
Los árboles al descubierto por la caída del otoño, esperando a ser envueltos entre suspiros de primavera de los calurosos días de mayo.
Gente ocupada en Los Ángeles, manager, famosos, famosas, realities, mucha gente de aquí para allá y nadie que sabe que estoy en este mundo, sola y llegando a la mayoría de edad la cual me está causando problemas demasiado pronto.
Me llamo Rosabelle, pero prefiero que me llamen Sabe, no es “Rosa” o “Belle”...sería muy típico y no me gusta a pesar de que te deja un mal sabor de boca. Tengo dieciséis años y se acerca la fecha en la cual llegue a este mundo...apagado y sombrío, lleno de malicia y locura…apenas con algo de bondad, todo es codicia y ambiciones que la mayoría de las veces llevan a una vida de misterio y eternidad.
Mi padre es el director gerente de los grandes almacenes “Rothmel” y mi madre es…bueno, era fotógrafa e ilustradora infantil. Hacia cuentos populares para las librerías tradicionales, pasadas de generación en generación. La mayoría de mis cuentos de hadas y de bosques encantados llenos de magia y misterio habían sido elaborados por sus manos de porcelana, blancas y suaves y entre los delicados dedos destacaba un anillo de plata, con un grabado esculpido en un dulce movimiento de ternura y calidez.
Tantas veces he visto ese anillo en mis cuentos populares que me siento como si algunas veces yo también lo hubiera llevado puesto siendo una de las princesas de los cuentos de hadas, pero ya no leo, desde la desgracia de aquella avalancha en Francia. . . no quiero creer en ningún cuento de hadas.
Mi cabello castaño oscuro el cual se ondulaba con facilidad, lo llevaba recogido en una coleta de caballo, dejando a la vista mis ojos marrones color miel al mero rayo de luz del sol.
Hoy es mi primer día en el instituto privado Grantes Dimonicus, y espero no encontrarme ninguna sorpresa inesperada.
-Mm. a ver –Sabe iba buscando su clase, antes de ser descubierta a los demás para que luego no se preocupara ninguno.
- 4º A...a ver. .aquí hay un mapa del instituto.-Dijo Sabe en seco.
-Por aquí debería de estar la clase...Aja!...4º A . .es aquí... Ah!-Dijo Sabe en cuanto se tropezó hacia atrás con una simple cáscara de plátano. El pasillo entero estallo en risas y carcajadas pero precisamente para Sabe no era muy divertido aquel momento, nunca se había sentido tan humillada en su vida y haría cualquier cosa por desaparecer en ese mismo instante.
-¿Estás bien?-Pregunto una voz encima de ella mientras le alzaba una mano para que Sabe se pudiera levantar.
-Si…eso creo...-Dijo Sabe mientras recogía los libros del suelo-puedes reírte...no necesito nada de. . .
-¿Compasión?-dijo un chico que se mostró amable con Sabe.-Je je je, da igual, mi nombre es Gurox, Gurox Orfos-Dijo mientras le tendía de nuevo la mano a Sabe.
Ella alzó su mirada pero se quedo sin habla al ver a un chico de quinto curso que destacaban de su piel color pálido unos ojos de color rojo y profundo como el fuego. Avergonzada de lo ocurrido miro a la mano del chico y luego a su cara y sin más rodeos, extendió la mano derecha, rozo, toco y por extraño que fuera, alcanzó la palma de la mano del muchacho y este le ayudo a ponerse en pie.
-Siento mucho…no pensé...soy nueva...ay dios mío…lo siento.
Mientras estaban unidos entre palma y palma un recorrido chispeante les recorría de sistema nervioso al sistema cardiaco, aumentando cada vez más el pulso hasta que al final el recorrido término saliendo por las ventanas de la verdad, mirándose el uno al otro.
-No tienes porque, aquí la gente se cree muy de alto rango y siempre se ríen de los nuevos, olvídalo.
-Ya, espero que no sea así siempre que esté aquí, perdóname…Tengo que ir a clase-dijo Sabe con descuido, algo la echó hacia atrás y no supo porqué hizo eso, no sabía si podía o no confiar en esa persona, pero no se sintió tan a gusto con alguien desde hace mucho, mucho tiempo. Lo mismo sintió Gurox. Al haber sentido la mano de Sabe, una sensación de recuerdo de haberla tenido entre sus brazos, la que tenía que ser ella la dueña de sus pensamientos, la cual por el que se moriría al verla todas las noches y entristecerse al despertarse cada día.
-Sí, yo también me tengo que ir-dijo Gurox con pena.

**

-Casi....por muy poco se acercan, pero al parecer ella apenas recuerda nada, mi señor, y si sigue así señor, no sé, las piedras no podrán hacer nada.
-Pero si no, mi paciencia se acabara....pero que muy pronto, y tú que vas a saber saco de pulgas, jejejeje, solo sirves para informarme jajá jajá.

Ya eran las doce del mediodía y había un día nublado, como si de un aullido de muerte que se eleva vestida de color berenjena y tintes de color verde, pidiendo ayuda desde lo más profundo de sus corazones. Así me sentía yo ahora, apenada, quería desaparecer pero por más que lo pidiera no se me iba a ser justificado. Unos ojos rojos me observaban durante todo el día, a los que yo no podía dejar de devolver la mirada, eran de un color rojo como el fuego, ardiendo de pasión en su interior o queriendo salir de alguna soledad de la cual desconozco.
-Hola, ¿Esta libre?
-Sí, está libre.
-¿Sabes? , eres una chica muy curiosa, ¿Cómo te llamas?
-¿Perdona, sabes…que preguntar cómo se llama una persona después de insultarla, es de mala educación?
-No, no lo sabía, y por lo que yo sé no te he insultado… ¿O sí?
-Sí, sí que lo has hecho
-No, no lo he hecho.-Contestó Gurox-Solo te he dicho curiosa, no creo que sea un ultraje como una casa como para que ahora te pongas así.
-Me llamo Sabe, bueno en realidad mi nombre completo es Rosabelle, pero, prefiero que me llamen Sabe, es más cómodo.-Aclaró a Gurox. Desconocía la razón del trato que le daba al único chico el cual había sido amable con ella, se sentía muy confusa pero a la vez como si de un recuerdo lejano se tratara y hubiera vuelto a la vez que reaparecía una conocida cercanía.-¿Sabes? Antes he sido un poco fría y me gustaría disculparme, no he sido muy amable, y al contrario, tú te has acercado a mí incluso cuando te he sido…
-¿Si? ¿Qué me has sido?
-Una chica fría y sin respeto, posiblemente te gusta verme en este estado.
-Bueno, no tanto, a mi no me gusta eso pero vamos, lo podrías haber hecho mucho mejor.
-¿No crees que soy fría?-Al decir eso se le empezó a salir una lagrima por los ojos, pero al ver a Gurox a los ojos paró de llorar, se las secó y se elevó del asiento del pupitre en dirección a la puerta. Pero Gurox alcanzó el brazo izquierdo de Sabe, lo agarraba con una fuerza al que Sabe no supiera escapar y perderla, la seguía reteniendo hasta que paró y se derrumbó en el suelo de rodillas suplicando que la dejara salir con lagrimas en la voz. Gurox iba acercándose a Sabe cada vez más y más incluso, hasta poder llegar a tocar su delicada tez de porcelana, con el brillo de aquellos ojos almendrados ruborizados a la vez con desnuda turbación a lo que los dos se unieron en un beso borrado por la presencia del tiempo. Se separaron lentamente dejando un hueco entre ambos.
-No se, porque tengo está sensación, es como si te conociera de antes, como si…nos hubieran unido de antes. ¿No te parece extraño?
-Ya decía yo que estaba gozando en demasía sobre tus brazos, como si los hubiera agarrado antes en un pasado muy, muy lejano y me hubieras tenido así durante un espacio de tiempo hasta que el alba hubiera renacido de nuevo.
-Ala…que bonito Sabe, ¿Siempre hablas así?
-No suelo ni me gusta hablar así Gurtox, y lo sabes de sobra, jejeje- Dijo Sabe entre risas.
-¿Perdón? Me llamo Gurox,-Aclaró Gurox entre risas- Sabe, ¿Te encuentras bien?
-Perfectam…-Sabe no pudo terminar de decir la frase a causa de un fuerte mareo que hizo que se desmayara boca arriba sobre los brazos de Gurox. Tan frágil, tan preciosa, y tan simple que Gurox no se apartó y besó a Sabe como si del último día o era se tratara.
Se fue separando poco a poco de Sabe hasta quedarse mirándola familiarmente sobre ella. Sí, probablemente tendría la respuesta delante suya, pero, ¿y si ella no lo a echo? Se levantó y agarro por la cintura a aquella desconocida que le resultaba tremendamente familiar, la montó en sus brazos y se la llevó directamente a la enfermería del instituto hasta que despertara.


-¿Sabe?-Preguntó una voz calmada pero masculina-Cariño, ¿Estás bien?
-Um…Eso creo.-Sabe fue abriendo poco a poco los ojos, y veía borrosamente una habitación de cortinas y paredes blancas, y un rostro que le resultaba muy familiar.
-¡Padre!-Sabe se arrojó sobre su padre y lo abrazaba tan fuerte que a su padre le resultaba difícil respirar.- ¿Qué haces aquí?-Terminó con una sonrisa de oreja a oreja.
-Pues me llamaron y me dijeron que estabas en la enfermería recuperándote de un desmayo que tuviste hace un rato, entonces deje lo que estaba haciendo y me vine corriendo a ver lo que te había pasado.
-OH, ahora que me acuerdo, había un chico con el que estaba hablando antes, ¿Dónde está?-Por más que Sabe visionara la sala, solo se encontraban ella, su padre y la enfermera que la había atendido hace un rato.
-¿Qué chico cielo?- Philip se puso un poco mosqueado al oír que su niña de dieciséis años había nombrado la palabra tabú.
-Estaba conmigo antes, ¿no le habéis visto?
-Querida, solo estamos tú, yo y la enfermera, no hay nadie más, al menos cuando yo he llegado.
-Pero quién si no me ha traído aquí, ¿Papa?-Sabe se levantó de la cama en busca de Gurox, pero su padre la agarro por el brazo impidiéndola que se moviera más, pero por más que la sujetara y la impidiera ir en busca de aquel chico que la llevo en sus brazos de ángel, no podía dejarla ir con él, sino podría hacerla daño incluso ahora que todavía no había recordado nada, pero era mejor así, uno lejano del otro y sin resentimientos.

De lejos, se manifestaba una silueta que surgía desde lo alto del ático del instituto, un chico de ojos rojos como el ardiente fuego, observaba la escena de la enfermería con escarmiento, el cual parecía entender que aquella chica tan bella, pudiera recordar o no su pasado, volvería a verla, hasta que volviera a pasar algo que desconocía y no lograba llegar a fin.
Cuando estaba besando a Sabe, Gurox empezó a verlo todo claro; empezó a recordar, un amor, una muerte, una separación, un olvido del pasado que ha vuelto para llevar a cabo la misión que le fue encomendado hace mucho, mucho tiempo. Lo recordó todo.
El era Gurtox, soberano del reino Morinil, y su misión era vengarse de la destrucción del pueblo en el que vivía el y su padre que murió en la guerra de las víctimas lunares, junto con su destino ejecutivo, estaba ligado a una persona muy cercana él, como el agua a la arena, o el fuego a la leña que se va desgastando poco a poco. Por ahora había recordado poco, pero alguna pista tenía de quien era de verdad, de lo que tenía que buscar y desapareció en el aire.








Última edición por Oriely el Dom Jul 18, 2010 3:05 pm, editado 2 veces
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Re: El morir de las lunas.

Mensaje por Oriely el Dom Jul 18, 2010 3:04 pm

.2.






-¡Ya estamos en casa cielo!-Dijo Philip-¿Sabe?-pregunto al ver que no recibía respuesta.
-Papa, ¿Estás bien?- Al parecer veía que sí. Su padre era director de unos grandes almacenes, pero apenas se las apañaba para ser un manitas en casa. Su nombre era Philip Vascuk, tenía unos ojos azules como el azul del cielo y con el pelo azabache y con unas cuantas canas, pero lo que más le notaba Sabe a su padre era la mirada de cansancio, como si hubiera luchado muchas batallas a las que se unió, se veía que echaba de menos a alguien más importante que un reino, o una victoria y era inevitable que pudiera olvidar a su madre.
-Sabe cariño, ¿Qué tal el primer día de clase? Aparte de lo de la enfermería y ese amigo tuyo-Philip se ponía hecho un basilisco nada más pensar en el muchacho de la enfermería, el cual le pareció muy familiar y que apartó de Sabe antes de que se despertara.
-E…bueno así como se dice bien…no, la verdad no me ha ido muy bien en mi primer día de escuela, además este uniforme es ridículo, no me sienta bien el berenjena.-Dijo Sabe cuando dejaba los zapatos en la entrada. Vestía unos mocasines negros con medias de color negro semi-transparentes, una falda por la rodilla tableada a rayas berenjena con rombos de color verde y una chaqueta a juego por la que se asomaba una camisa de color verde atada con un lazo de raso color negro a juego con sus medias.
-Pues a tu madre le sentía de miedo ese uniforme ¿Sabes?, lo que no le gustaba era llevar el lazo en el cuello, le molestaba mucho y deberías estar agradecida de estar en el mismo instituto que tu padre y tu madre.
-¿Y porque no puedo ser un poco más considerada? ¿Eh? –Sabe se estaba poniendo de los nervios con la actitud contrapuesta de su padre- ya que soy hija tuya al menos que me traten como tal, ¿no?
-Elin…digo Sabe, para empezar no te he metido en este instituto precisamente para que te traten como una reina, sino para que seas alguien en la vida y te las puedas apañar como puedas, pero si te vas a poner como una niñata más, no me llames cuando estés en peligro, así que compórtate como tal y porque la verdad, yo no quiero a una hija así.
-Pero…yo no soy así y tú lo sabes papa, acaso… ¿se han burlado de ti alguna vez? ¿Eh? ¿A qué no? Pues…
-Sabe, tranquilízate, si, si se han burlado, pero no de mí, sino de tu madre. Cuando llegó por primera vez al instituto tropezó y se cayó al suelo, entonces llegue yo y la ayude a levantarse pero a cambio me ofreció una contestación muy fría de agradecimiento, y se fue directa a su clase. Pasó una semana, iba caminando por los pasillos del instituto distraídamente pensando en tu madre cuando me tropecé y me empecé a caer por unas escaleras que daban a la entrada, pero antes de que llegara al suelo, ella vino corriendo a mí y me acogió en sus brazos impidiendo que siguiera cayendo por las escaleras. Me sujetó con toda la fuerza que pudo, pero al final caímos los dos al suelo. Ella por poco muere con un hombro dislocado pero se salvó, así que puedes considerarte afortunada de que no te halla pasado nada malo.-Philip estaba enfadándose con su hija sin apenas con una razón evidente.
-¡Yo apenas conozco a mi madre!, ¡tenía seis años cuando nos dejo, sin nada, por lo menos a mí!-A Sabe se le caían las lagrimas por la mejilla y sin espera alguna se subió corriendo a su habitación llorando, a consecuencia de lo que echaba de menos a su madre y de lo poco que pudo disfrutar de ella.
-“Tiene razón, ella apenas la pudo conocer”-Philip no se paró a pensar que el la tuvo desde que apareció hace diez años y Sabe solo seis años. Ahora tenía dieciséis años, y estaba a punto de cumplir mayoría de edad dentro de dos años y tendría que contárselo todo. A raíz de esa conclusión se puso a pensar en algún modo para que Sabe pudiera recordar a su madre, pero por más que pensara o quisiera no quería atreverse a meterse en el pasado, revolver en los recuerdos, llenos de alegrías y penas, pero sería un riesgo o algo por lo que tendrían que volver a pasar, pero lo que podía hacer por el momento era ir a la habitación de su hija a disculparse.


“¿Por qué? ¿Por qué no me dejo ir en busca de Gurox?” ¿Por qué cuando estoy con el todo es mejor o peor? Y ¿Por qué no me pueden pasar cosas buenas de vez en cuando?
¿Y por qué me mintió padre?-Sabe pensó dubitativa- ¿Bueno el siempre lo hace, no?
Por más vueltas que le diera Sabe a la cabeza, no lograba hallar la respuesta a todas esas respuestas y cuando llegaba al final de una se volvía a perder. Tanto tiempo sin estar con nadie y de repente alguien aparece en su ayuda, pero resulta que no puede acercarse o ni siquiera ha podido agradecerle por lo de la enfermería.
-¿Sabe? ¿Estás bien? –Preguntó Philip a través de la puerta de la habitación.-Venía a ver como estabas.- Sabe se esforzó por no sonreír y se tumbó en la cama intentando que se fuera de la puerta, pero Philip abrió la puerta y la vio tumbada de lado en la cama.
-Mentirosa- Dijo mientras se sentaba en un lado de la cama- Tu a mi no me engañas, pequeña.
-Como siempre tú lo sabes todo, ¿no?-replicó Sabe irguiéndose en la cama-¿quieres algo?-Preguntó sabe mientras terminaba de levantarse de la cama.
-Tranquila mujer, solo venía a disculparme, es verdad, tienes razón- Empezó a decir Philip- tu apenas conociste a tu madre en cambio yo la tuve más conmigo, pero no creo que eso sea motivo para ponerse echa una furia, cariño. Debes tranquilizarte, si no.no encontraras a ningún amigo con el que charlar a no ser que controles tus impulsos.
-No estoy enfadad por eso- Aclaró Sabe.
-Ah… ¿entonces?¿de qué estás tan enfadada? –Philip no entendía.
-Yo se que alguien me trajo a la enfermería esta mañana, padre y no fue ni la enfermera ni tú, ¿quien fue? –Pregunto Sabe con voz calmada.
-Sabe….-Philip no sabía si haría bien en contarle lo que pasó cuando ella estaba desmayada en la enfermería y sobre la pequeña conversación que tuvo con el muchacho, a esto su padre hizo silencio y la respondió con un abrazo y un beso en la mejilla de Sabe. – Aún no es momento…pronto, se te revelará todo.-Dijo Philip. Mirando a la cara de su hija esperando a que esta le mirase a la cara, pero se quedó mirando para el frente hasta que Philip abandonó la habitación.

“¿Hay algo que me escondes, papa? ¿Acaso hay algo que no recuerdo y que tu si?-Sabe iba pensando mientras daba vueltas por la habitación hasta que se paró en el alfeizar, se sentó y vio una figura que le resultaba muy familiar a pesar de estar envuelta entre todas las ensombrecidas calles. Poco a poco salió la misteriosa figura de las sombras, pero aun no se le veía demasiado bien, pero al final, se mostro a la luz de las farolas que empezaban a alumbrar la zona en sombras.Gurtox.
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Re: El morir de las lunas.

Mensaje por Oriely el Lun Sep 20, 2010 3:54 pm

.3.

Sabe lo miraba sin reparo. Se acerco a la ventana y la abrió de par en par, asomándose cual damisela observaba a su príncipe. Escucho ruido abajo y vio que su padre se dirigía a arrancar el coche. La vio desde la puerta, se despidió y salió calle abajo con el coche desapareciendo en la noche.

De las sombras apareció un muchacho que había cambiado de forma. Ya no era el de antes. Su torso se había extendido en una espalda fuerte y musculosa, podría medir al menos casi dos metros. Sus ojos rojos como el fuego la observaban con una mirada insatisfecha. Al sentir esa mirada, Sabe cerro la ventana y corrió a cerrar la puerta de la entrada. Pero no consiguió llegar a tiempo dado que esa persona hambrienta ya se dio por auto-invitada y esperaba en el umbral de la escalera que dirigía hacia la habitación de Sabe. Asustada del momento y del hombre que estaba esperándola debajo de la escalera, se envalento y corrió hacia el hombre para poder empujarlo. Fallo. El hombre que se llamaba Gurtox, se aparto dejando caer a Sabe en el suelo de moqueta al lado del sofá. Se dirigió a ella y la levanto agarrándola de un brazo y arrastrándola hacia él. La sujeto por la espalda y la acorralo en la pared.
-Por fin de nuevo, Sabe.
-¿Eres el chico de antes?-DijoSabe mirándole a los ojos. Sabe se tranquilizo mirando a Gurtox, la dejo libre y abrazo a Gurtox con todas las fuerzas del mundo. Lo abrazaba por la cintura fuertemente intentando que no se fuera de su lado.-Estas aquí….Gracias...
-Vaya…yo que pensaba asustarte…me has dejado de piedra.-Dijo Gurtox sorprendido. Aparto un momento a Sabe de su lado y la miro a los ojos. Estaba llorando.-Por favor…no llores…
-Es que…el verte aquí…me da alegría,al verte...aquí…-Dijo Sabe con lagrimas en los ojos.-Es extraño, que cuando estoy junto a ti, siento que te conozco de mucho y te he conocido esta mañana...fíjate que cosas te trae la vida, y además ¿Qué haces tú aquí?
-Quería verte…no sales de mi mente en ningún momento-Dijo Gurtox con guasa mientras atrapaba de nuevo a Sabe.-Y no me gusta tu nombre...
-¿Ah no?-Dijo Sabe vacilante-Pues te aguantas, porque se va a qued...-Sabe no pudo terminar la frase. Gurtox la besaba con pasión desenfrenada mientras la aprisionaba contra la pared metiendo una pierna en la entrepierna de Sabe. Ella se agarro al ancho y fuerte pecho deGurtox arrastrándole hacia ella a la vez que se abría de piernas para dejar a Gurtox encima de ella. Empezaban a entrar en calor, Gurtox empezó a desabrochar la camisa pistacho de Sabe dejándola en sostén de encaje negro, de seguido la mano se desplazo al muslo derecho de Sabe y comenzó a subir hasta tocar el escondite de Sabe, se movía inquieta en el pequeño espacio en el que estaba y Gurtox le costaba manejar la situación. Se separo de ella y la tumbo en el sofá quedándose ella debajo de el. Lentamente se acercaba a Sabe y cuando casi estaba encima de ella un chasquido lo distrajo.
-Apártate de ella, lentamente y nadie saldrá herido.-Philip Vasckuck había vuelto y apuntaba con un rifle a la cabeza de Gurtox.
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